La fortaleza estaba construida a unos treinta metros de la playa. Encima de una enorme construcción de piedra que simulaba una cabeza. Debía ser una antiquísima estatua que había sido devorada por el mar. Tras comprobar que podíamos acceder sin ser vistos hasta la entrada, cruzamos el puente.
Los combates tenían un planteamiento similar siempre: Pia hacia las veces de exploradora, abría las puertas y preparaba los ataques furtivos, yo cargaba contra los enemigos mas peligrosos para mantenerlos entretenidos con mi martillo, Shelule usaba su arco sin cesar y Deret lanzaba terribles conjuros que consumían rapidamente la vida de nuestros enemigos.
Además de varios goblins, perros, y monstruos varios, tuvimos que vernos las caras con su jefe de guerra: Ribnuget (no creo que se escriba asi), también derrotamos al asesino explorador “bugbear”, a quien descubrimos fornicando grotescamente con cuatro hembras goblin. Con mucho más esfuerzo nos enfrentamos a Nualia y sus esbirros. La vencimos, pero no pudimos atrapar a una extraña hechicera que había con ella. La cual se nos escapó.
Explorando y limpiando la fortaleza descubrimos los pasadizos a unas viejas ruinas donde, tras superar las trampas y acertijos que nos planteaban, tuvimos que enfrentarnos a un ancestral mal encarnado en la figura de una clase de licántropo enfurecido.
Fue el combate mas duro de todos, a punto estuvimos de morir Deret y yo. No nos quedaban hechizos ni poderes para enfrentarle, pero las pociones de Shelule y los acertados cortes críticos de Pia nos dieron la opción de que Deret, ayudado por su varita mágica de rayos, y yo, ayudado por mi martillo y mi fe en el Jabalí sagrado Shoanti, le derrotáramos.
No se como saldremos de allí, si nos encontraremos a las tropas goblin volviendo o si podremos llegar a Sand Point a descansar, recuperar fuerzas y habilidades y continuar nuestra interminable lucha contra el mal.
Saludos, Nacho.
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